Cuando escuchamos que alguien ha nacido o ha sufrido de la noche a la mañana un accidente que le ha perjudicado las funciones cerebrales, pensamos en lo peor; somos fatalistas, pues creemos que aquella persona no podrá valerse por sí mismo y que difícilmente podrá salir adelante.
Sin embargo, no siempre es así, ya que el cerebro es un órgano cuyo funcionamiento es sumamente complejo y que puede llegar a alterar la función del organismo de manera inimaginable y en muchas ocasiones, de manera sorprendente.
Franco Maginiani. Este hombre nació en 1934 en un pequeño poblado italiano llamado Pontito, muy cerca de Florencia, cuya característica principal son las montañas boscosas que le rodean, convirtiéndole en un escenario único y espectacular.
La falta de empleo le llevó a Maginiani a mudarse a América y en 1965 se asentó en California. Poco le duró el gusto, pues no pasó mucho tiempo y cayó enfermo. Padeció perdida de peso, delirio y convulsiones; en un principio, los doctores creyeron que sufría de tuberculosis, de alguna enfermedad neurológica, aunque en realidad nunca supieron darle un diagnóstico exacto.
Por alguna extraña razón, desde que cayó enfermo, Franco comenzó a tener sueños constantes y muy reales de Pontito, imágenes que decidió plasmar en lienzos, mismas que al ser comparadas con fotografías del lugar, resultaban ser calcas perfectas del sitio. Paradójicamente, hay cosas que Maginiani no puede recordar con tanta claridad como sí lo hace con Pontito.
Jason Padgett. En 2002, Jason salía de una reunión de un restaurante cuando fue interceptado por dos asaltantes, quienes además de quitarle todo su dinero, lo golpearon y le patearon la cabeza incesantemente. Al llegar al hospital, le diagnosticaron una severa conmoción cerebral, por lo que le pidieron guardar reposo absoluto en casa durante varios días.
A los pocos días de su alta, Padgett se percató que veía líneas y curvas en cualquier objeto que miraba. Pensó que estaba enloqueciendo y durante tres años guardó silencio, hasta que un día se animó a plasmar en papel esas figuras geométricas tan extrañas, pero a la vez tan perfectas.
Luego de someterse a diversos exámenes clínicos, se descubrió que padecía el síndrome de Savant, el cual permite memorizar cosas en segundos, descifrar códigos y capacidades especiales para el dibujo. Actualmente estudia matemáticas para darle un mayor sentido y explicación a sus obras de arte.


Se cree que las Hadas madrinas son las encargadas de conservar las Manzanas mágicas de Faeryland, bien ocultas en Avalon. También conservan el cristal de pura luz de luna que promueve claros y felices pensamientos. Las Hadas madrinas suelen transformarse en búhos cuando desean desaparecer, o cuando ya han cumplido su tarea y deben regresar a Faeryland, se elevan silenciosamente, dejando sus favores y regalos a cada uno de sus humanos protegidos.





