martes, 27 de septiembre de 2011

El misterio de los delfines







La delfinoterapia sorprende en todo mundo: estos maravillosos seres marinos tienen una enigmática habilidad para encontrar dolencias y una poderosa energía para curarlas.
Viajando por el túnel del tiempo encontramos que en Grecia, en la entrada del místico templo del oráculo de Delfos, al lado de la advertencia “Conócete a ti mismo”, colocaron la figura de un delfín, cetáceo adorado como si se tratara de uno de los dioses. Más: al criminal que osara matar a uno de ellos lo castigaban con la muerte. La severa medida se comprende puesto que Ulises (Odiseo) fue salvado por los delfines, según cuenta Homero en “La Odisea”.
Remontándonos aún más en el pasado, descubrimos indicios de que los sabios indios americanos también veneraban a estos cetáceos como seres sagrados, puesto que en su cosmovisión eran los delfines quienes albergaban el “maná”, el divino aliento de la vida.
Desde siempre, los aborígenes australianos se congregaban a diario en las playas -tal como otros pueblos asisten a servicios religiosos- para comunicarse con los delfines, pidiéndoles favores, protección contra los embates de la naturaleza o agradeciéndoles cuando todo iba bien. Dice la tradición que entre humanos y delfines hubo, desde un comienzo, un perfecto diálogo consistente en preguntas y respuestas. Sin embargo, con el correr de los siglos, la gran mayoría de la gente se limitó a burlarse al oír hablar de la “conversación” entre humanos y cetáceos.

Estado meditativo permanente

La sonrisa burlona desapareció como por arte de magia en la década de los cincuenta cuando el estadounidense John Lilly divulgó que los delfines pueden ejercer una influencia muy beneficiosa sobre la mente humana.
Ciertamente cabe preguntar ¿cómo? La explicación reside en que Lilly, durante largos años, se dedicó a investigar la neuroanatomía de los delfines, contando con el apoyo de la Marina de los EEUU. Su labor incluía una minuciosa observación del funcionamiento de su propia mente y, para estos fines, él mismo construyó unos cubículos de total aislamiento sensorial. En el momento de sacar conclusiones, el estudioso estaba listo para divulgar un hecho muy sorprendente: los delfines se encuentran en estado de meditación las 24 horas del día.
La tremenda importancia de este hecho es aclarada por el psicólogo y especialista en Etología José Francisco Zamorano, del Departamento de Ciencias del Centre for Marine Mammals Research (CMMR): “Desde un punto de vista, todos los seres vivos, excepto el ser humano, se encuentran en ese estado. ¿Por qué? Pues porque están viviendo totalmente en el presente en ‘vivo y en directo’; aquí y ahora. Ahora bien, se piensa que, en particular, los delfines viven en situación meditativa puesto que su respiración siempre es consciente; si no, se ahogarían. Dicho sea de paso, este estado es uno de los más altos logros para el yoga y muchas otras técnicas milenarias que buscan la iluminación”.
Pero eso no es todo… Lilly logró establecer un sistema bidireccional de comunicación con los delfines creando un constante ir-y-venir de diálogo entre humano y delfín. Ese exitoso procedimiento suponía que el lenguaje de los delfines estaba basado en imágenes sónicas. Acto seguido, con los sonidos emitidos por los cetáceos se creaban imágenes computarizadas que fueron analizadas por especialistas. Con la ayuda del computador, estos científicos diseñaron una lista de respuestas a los delfines y de ese modo ¡dieron vida al primer “diccionario bilingüe” que hombre y delfín pudieran entender! Este diccionario está confeccionado en inglés y “lenguaje de delfín”, compuesto por unas cincuenta palabras.
Poco tiempo después, otros investigadores encabezados por Lilly publicaron el libro “Mind in the Waters”, que marcó un hito revolucionario pregonando la existencia de otra mente muy parecida a la nuestra.
Este perfecto intercambio de pensamientos y las subsiguientes acciones entre humanos y cetáceos abrieron de par en par la puerta a una trascendental ayuda de los delfines a la humanidad: la delfinoterapia.

Energía “ki” y telepatía

Hay que saber que Lilly no fue el único en estudiar a estos milagrosos habitantes de los océanos. Resulta que los médicos Horace Dobbs, de Escocia, y David Nathanson, de Florida, EEUU, también se entusiasmaron al conocer las poderosas habilidades y características de los delfines.
El doctor Dobbs relata una anécdota muy entretenida que vivieron él y su hijo en 1976 en las costas de la isla de Man. Chapoteando en el mar, “trabaron amistad” con un delfín muy simpático al que dieron el nombre de “Donald”. El cetáceo resultó un amigo ideal para el chico, puesto que lo llevó a pasear por todo el puerto, siempre cuidando que no se alejara demasiado y velando con esmero para que el niño estuviera a salvo.
De estas vacaciones poco usuales y bastante diferentes de cualquier veraneo rutinario, nació en Dobbs una imperiosa necesidad de estudiar, con todos los elementos que la ciencia moderna pudiera ofrecer, las características de estos animales y, sobre todo, examinar y analizar la interacción entre cetáceos y humanos.
Desde aquel momento, el océano se convirtió en un perfecto laboratorio de investigaciones, y los científicos junto a los ayudantes, al mismo tiempo que nadaban felices con los delfines, tomaron notas, grabaron sonidos, observaron cada movimiento, cada interacción y, una vez de vuelta a sus laboratorios “sólidos y secos”, siguieron con los análisis y deducciones que cada vez cobraron más y más interés y nunca dejaron de revelar abundantes e impactantes sorpresas.
Una de ellas es un importante beneficio. Tanto Dobbs como otros estudiosos del tema constataron que la energía ki (el “soplo de la vida”, fruto del constante estado de meditación) que los delfines transmiten, al entrar por el chakra “corona” de un paciente con depresión, desciende por los restantes chakras superiores hasta llegar al chakra “corazón”, donde organiza una completa restauración del sistema inmune y elimina los rasgos de la tristeza crónica.
Y eso no es todo. Los investigadores piensan que también sería ese estado meditativo el que permitiría a los delfines leer nuestros pensamientos, además de sentir empatía con nuestro estado de ánimo e interpretar las claves de nuestro perfil psíquico.

Terapeutas y parteros

Pronto corrió la voz describiendo y comentando estos increíbles y entretenidos paseos con delfines, y el número de candidatos que querían nadar con ellos creció. Y no se trataba de un capricho cualquiera. No. Pronto se descubrió que la interacción con estos cetáceos trae enormes beneficios tanto psíquicos como físicos. Padecimientos como depresión crónica, anorexia, autismo, parálisis cerebral, síndrome de Dawn, y muchos otros se alivianan o desaparecen con el contacto e interacción con estos cetáceos, y las noticias sobre las “curaciones milagrosas” llenaron los noticieros por todos los rincones del mundo.
Pero, el verdadero boom de la terapia asistida con delfines llegó a principios de los 90 desde México, cuando el especialista en delfinoterapia Fritz Zimmermann, demostrando y publicando sendos éxitos, la hizo conocida y admirada por doquier.
Hoy por hoy, la delfinoterapia goza de una amplia popularidad y aplicación, incluso en procesos tan naturales como el parto. El doctor soviético Tcharkowsky fue uno de los pioneros en recomendar a las mujeres embarazadas ejercicios en el agua junto con los delfines, y lo que es más, en no pocos casos asistió a exitosos alumbramientos dentro del agua, con la colaboración de un grupo de “delfines parteros”.
Cabe aquí hacer un alto para explicar un fenómeno realmente asombroso. Se ha observado que al parecer, los “delfines parteros” pueden entrar en contacto telepático con los bebés a punto de nacer y también con los recién nacidos. Las madres que pasaron por esa experiencia cantan las loas de su parto, y no trepidan al calificarlo de “milagroso-místico” y relatan que en ningún momento sintieron dolor o miedo; todo lo contrario, hablan de haber vivenciado una felicidad “luminosa” nunca antes experimentada.

Sexto sentido

Las personas que trabajan con delfines aseguran que, al parecer, ellos tienen un “sexto sentido” para detectar en el cuerpo humano aéreas donde existe alguna discapacidad, trauma u otro mal funcionamiento.
¿Cuál sería el “secreto profesional” de estos “doctores acuáticos”? Los investigadores aseguran que ellos instintivamente saben qué es lo que tienen que hacer con cada paciente.
“El secreto reside en el sistema sonar o ecolocalización del cetáceo”, asevera Agustín González, delfinoterapeuta. Él y su equipo conducen grupos -tanto en busca de ecoturismo como de sanación- en la caleta Punta de Choros, a 110 kilómetros de La Serena, Chile. Dice que “el delfín se acerca a la persona por ‘tratar’ y suavemente toca su cabeza o espalda, o cualquier otra parte de su anatomía. Al mismo tiempo emite sonidos, siempre nadando muy cerca, cuerpo a cuerpo. Estos ultrasonidos nunca dejan de tranquilizar al paciente, puesto que su sistema nervioso central responde positivamente a estas ondas sonoras.”
Según el Dr. David M. Cole, Presidente de Aqua Thought Foundation, EEUU, y pionero de la delfinoterapia, el impacto de un encuentro real con delfines se debe a la energía ecolocalizadora del animal, es decir, el sonar que estos mamíferos emplean para navegar en el océano. Cole cree que esta energía, de una intensidad de 2000 watios, tiene que ver con el poder de sanación de estos cetáceos. “Esa energía -afirma- es suficiente para provocar cambios en las membranas celulares, afectando a las biomoléculas. Se podría reorganizar por completo un organismo vivo empleándola”.
Habiendo develado uno de los “secretos”, tenemos que confesar que casi todo lo relacionado con el mundo de los delfines sigue siendo un misterio, aunque claro, de a poco el mundo científico logra descorrer uno que otro velo.
Para empezar, se sabe que existen varias características y capacidades que hacen que el delfín sea uno de los animales más inteligentes, siempre y cuando se entienda por este concepto la habilidad de intercambiar información y, por ende, comunicarse. El delfinoterapeuta Agustín González subraya, refiriéndose al sistema de ‘sonar’ o ‘ecolocalización’, que este singular talento sirve a los cetáceos para localizar y obtener comida. El sonido nace en su “melón”, la cavidad que contiene aceite y que se ve como un “chichón” en la frente del animal. Ahora bien, el delfín emite este sonido dentro del agua y, cuando esta misma onda vibratoria choca contra algo sólido, como por ejemplo un pez, un barco o el mismísimo fondo del mar, retorna a la mandíbula inferior del animal, desde donde pasa al cerebro.
El terapeuta añade que describir este fenómeno demora mucho más que el proceso mismo, que es rapidísimo, puesto que el sonido viaja en el agua a una velocidad de 1.524 metros por segundo. Es en este punto preciso donde el cetáceo forma las ya mencionadas “imágenes de sonido” de los objetos. Para tal tarea se basa en las diferencias de densidad de los cuerpos sólidos, y de la concentración del agua que lo rodea. Gracias a esta ecolocalización, los delfines son capaces de “ver” en un ambiente de absoluta oscuridad.
Esta sorprendente característica ha sido estudiada y analizada a fondo con intenciones de ser reclutada para fines militares. Se sabe que más de una súper potencia mantiene “soldados acuáticos”, delfines que son entrenados como mensajeros y portadores de bombas. En los últimos tiempos, la opinión pública se ha enterado de la utilización de delfines de parte del ejército de EEUU en el desminado de las aguas del sur de Irak, lo que ha sido criticado por biólogos y grupos de defensa de derechos de animales.

Una lección de nobleza

La mañana del 07 de Noviembre de 2004, el salvavidas neocelandés Rob Howes se encontraba junto a su hija y dos estudiantes practicando algunas técnicas de rescate en el mar. Los deportistas, que se encontraban a unos 100 metros de la costa, no se percataron de la presencia de un gran tiburón blanco que nadaba en las proximidades, hasta que apareció un grupo de siete delfines que comenzó a nadar en círculos alrededor de ellos, obligándolos a formar un grupo compacto, el cual custodiaron por un largo rato, hasta que el tiburón desapareció del lugar.
Howes relató que cuando aparecieron los delfines, se asustó e intentó escapar de ellos, pero al divisar al tiburón merodeando por las cercanías comprendió el propósito del grupo de cetáceos. Los afortunados deportistas se sintieron muy agradecidos a los delfines que les salvaron la vida y la comunidad local los aclamó, como también a los héroes humanos.
Sin embargo, la felicidad se vio rápidamente ensombrecida tres semanas más tarde, cuando los cuerpos mutilados de dos delfines nariz de botella aparecieron en las redes del rescate. Se estima que los delfines habían muerto ahogados en redes ilegales, ya que sus colas habían sido cortadas, una práctica usual de los pescadores furtivos para desenredar a los infortunados animales que quedan atrapados en estas redes. La muerte de los delfines entristeció a toda la comunidad.
Fuente: Scotman

“Ningún ser de la creación es más divino que los delfines. Ya existían con anterioridad al hombre y compartían las ciudades con los mortales, pero por orden de Dionisio pasaron de la tierra a los mares y tomaron forma de peces”.
 Gaius Oppius

“Los delfines viven en situación meditativa puesto que su respiración siempre es consciente; si no, se ahogarían. Dicho sea de paso, este estado es uno de los más altos logros para el yoga y muchas otras técnicas milenarias que buscan la iluminación”.
José Francisco Zamorano, especialista en Etología.

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